Día Mundial para la Prevención del Suicidio: responsabilidad pública, redes comunitarias y salidas posibles


Hoy no es un día para estadísticas frías ni para discursos que suenan a papel oficial. Hoy es un día para mirar a la cara una verdad dolorosa: detrás de cada suicidio hay sufrimiento acumulado, silencios que no se sostienen y, con demasiada frecuencia, un sistema que falla. Hablar de prevención es también hablar de justicia: ¿por qué quienes más necesitan ayuda se la encuentran cerrada o mal atendida?

Lo que la sociedad no puede seguir ocultando

En muchos lugares —y España no es una excepción— hemos permitido que el sistema público de salud mental se deteriore. Servicios de psiquiatría colapsados, largas listas de espera, unidades con recursos insuficientes y profesionales desbordados. Eso no es una “falla técnica”; es abandono institucional. Cuando la atención especializada falta o llega tarde, las personas quedan solas con su dolor. Eso es un factor que convierte la desesperación en riesgo real.

Prevenir el suicidio pasa por exigir a las administraciones: inversión real en salud mental pública, dotación de recursos en atención temprana, unidades de crisis accesibles, formación de profesionales en intervención en crisis y protocolos claros en centros educativos, universidades y centros de trabajo. Exigir no es esperar a que el otro lo haga: es actuar, firmar, reclamar y movilizarse.

No todo es “privado”: la responsabilidad de la comunidad

La prevención no la salva solo la medicina. La comunidad tiene un papel activo: vecinos, centros educativos, jefaturas, y también cada une de nosotres. Hay agresiones —bullying, violencia machista, acoso laboral, discriminación LGTBIQA+— que empujan, día a día, a personas al límite. Como sociedad podemos y debemos enfrentarnos a esos agresores: denunciar, documentar, sacar a la luz lo que algunos quieren ocultar.

Si ves una actitud que humilla, que excluye o que agrede a una persona en tu entorno, no mires para otro lado. Denuncia, acompaña a quien sufre, haz testimonio. A veces que alguien diga “yo vi esto” es lo que abre una puerta de seguridad para la persona agredida. No confundamos prudencia con pasividad: callar muchas veces es aval.

Los jóvenes, la escuela y la urgencia de actuar ya

La franja más vulnerable muchas veces son adolescentes y jóvenes. Redes sociales que amplifican el bullying, presión por el rendimiento, soledad, falta de referentes y servicios de atención insuficientes en los institutos. Aquí la prevención exige medidas concretas: protocolos antiacoso en centros, formación al profesorado, programas de salud emocional en el currículo y dispositivos de atención accesible para jóvenes sin barreras de estigma.

Qué puede hacer cualquiera, ya mismo

  • No banalices los indicadores: si una persona habla de la muerte o se retrae, pregúntale con calma; la escucha salva.
  • Acompaña, no juzgues: mantener compañía y buscar ayuda profesional es prioridad.
  • Denuncia la violencia: si el sufrimiento procede de una agresión, lucha con la víctima para denunciar y hacer visible el problema.
  • Organiza redes: en tu barrio, tu colegio o tu trabajo, impulsa grupos de apoyo y formación en primeros auxilios psicológicos.
  • Exige a las instituciones: participa en campañas, firma peticiones, exige presupuestos y protocolos efectivos en salud mental pública.

Si tú estás en riesgo: pide ayuda ahora. Acude a urgencias o busca apoyo en líneas de crisis si existen en tu país. No estás sola.

La terapeuta, la perra y el pequeño milagro de lo cotidiano

La prevención también pasa por los lugares donde una persona puede sostenerse sin sentirse “fichada” o reducida a un diagnóstico. Aquí la terapia Gestalt aporta algo esencial: espacio para sentir en el presente, atención a las sensaciones y ejercicios que devuelven pequeñas capacidades de auto-regulación. No es una “cura mágica”, pero es una forma de recuperar el hilo de la propia vida.

La Gestalt asistida con perros viene a sumar una dimensión que muchas veces hace la diferencia en la práctica: la presencia canina baja la ansiedad, abre puertas emocionales que las palabras no alcanzan y crea un ambiente de confianza. Cuando una persona tímida o retraída encuentra en la mirada de una perra la posibilidad de no ser juzgada, se abre una vía para sentir y conectar. Eso puede ser, en momentos críticos, el sostén que diferencia entre la persistencia del dolor y la búsqueda de ayuda continuada. La terapia con animales no sustituye la intervención clínica necesaria en situaciones de alto riesgo, pero puede ser un recurso potente dentro de una red de apoyo.

También hay políticas concretas que debemos exigir

  • Financiación urgente para atención psiquiátrica pública y equipos de respuesta en crisis.
  • Programas escolares que integren la salud emocional como aprendizaje básico.
  • Protección y acompañamiento a víctimas de bullying, violencia de género y acoso laboral.
  • Plazas y recursos para rehabilitación psicosocial, recuperación y reinserción.
  • Formación obligatoria en detección de riesgo suicida para profesionales de educación, salud y servicios sociales.

No son caprichos técnicos: son medidas que salvan vidas.

¿Y qué puede hacer la terapia comunitaria y gestáltica aquí?

La terapia Gestalt, los grupos de apoyo y las intervenciones asistidas con perros actúan sobre lo íntimo —el modo en que sentimos y nos conectamos—, y lo colectivo —cómo nos miramos en la comunidad. En sesiones grupales bien diseñadas, las personas recuperan prácticas de cuidado mutuo, aprenden a pedir ayuda y se entrenan para sostener las crisis. Esas prácticas, sencillas pero profundas, son parte de la prevención real.

Para terminar: que esto nos mueva a actuar

Prevenir el suicidio es una tarea ética: no podemos delegarla solo en especialistas. Exigir a las administraciones mejores recursos, confrontar la violencia que empuja a las personas, hacer redes de acompañamiento y ofrecer espacios humanos donde estar sin juicios son tareas de todos los días. Si hoy te conmueve este tema, haz algo concreto: habla, acompaña, denuncia lo agresivo, firma, apoya a organizaciones que trabajan en prevención y, si puedes, forma parte de un grupo de apoyo.

Si necesitas compartir, hablar o pedir orientación sobre recursos en tu zona, puedo ayudarte a encontrar contactos. No estamos solas en esto: la responsabilidad es colectiva y la salida —aunque muchas veces pase por gestos pequeños— es posible.

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