Día del Perro Adoptado: celebrar la segunda oportunidad y confrontar lo que la amenaza

Hoy celebramos a quienes ya tienen hogar gracias a una segunda oportunidad: las perras y los perros adoptados. Esta conmemoración —de origen social y asociativo, promovida por protectoras y campañas ciudadanas— no viene de un organismo internacional, pero su sentido es claro: visibilizar la adopción como práctica ética y urgente. En España, donde el abandono sigue siendo una herida abierta, este día no puede ser solo una felicitación en redes: debe ser un llamado a la acción y también a la reflexión crítica.

Una verdad incómoda: cada camada descontrolada es una adopción menos

No lo digamos de pasada: los cachorros que se generan por camadas improvisadas no caen del cielo como “regalo”. Cada vez que se produce una camada entre particulares sin control sanitario, sin planificación y sin garantías de hogares responsables, estamos multiplicando el número de animales que, si no encuentran acogida responsable, acabarán sumándose a las listas de protectoras y al abandono. En otras palabras: una camada descontrolada reduce la posibilidad de que un perro que ya existe —un animal en refugio— encuentre un hogar. Esa es la relación directa entre reproducción incontrolada y la disponibilidad de adopciones.

En España: la ley, la responsabilidad y la práctica afectiva

En nuestro país la normativa de protección animal no deja ese vacío legal abierto: la reproducción por particulares está vedada y la gestión de la cría corresponde a criadores autorizados. La obligación de identificar y la apuesta por medidas que eviten camadas no deseadas (incluyendo la esterilización) no son meras disposiciones administrativas: son herramientas para proteger vidas. Pero la existencia de una ley no resuelve lo emocional: muchas camadas surgen por impulso afectivo, por una idea romántica de la maternidad animal o por falta de información. Ahí está el problema real.

Amor mal entendido: capricho afectivo y la trampa del “vientre”

Quien decide criar en casa muchas veces lo hace desde el cariño. Ese cariño no es despreciable, pero puede ser malinterpretado. Usar a la perra como “vientre” para satisfacer un deseo humano —reproducir, ver nacer, prolongar una experiencia afectiva— es instrumentalizarla. Incluso cuando hay afecto, hay ignorancia de riesgos: un embarazo y un parto conllevan peligros sanitarios reales para la madre (distocias, infecciones, hemorragias, agotamiento físico, complicaciones neonatales). La impulsividad convierte una intención de amor en una exposición a daño.

El mito de la “identidad”: desmontando la retórica machista de la no-esterilización

Hay creencias que entorpecen la decisión responsable, muchas veces envueltas en lenguaje que relegamos a “tradición” o a “lo natural”. Argumentos como “si la esterilizo pierde algo esencial” reproducen una lógica que es, en buena medida, antropomórfica y hasta machista: proyectan sobre la perra funciones o roles que responden más a necesidades simbólicas humanas que a bienestar animal. La evidencia clínica es distinta: la esterilización, cuando está indicada, reduce riesgos de tumores y enfermedades uterinas y no borra la personalidad ni la capacidad de afecto de la perra. Esterilizar es, en muchos casos, un acto de cuidado responsable.

La minoría comercial y la mayoría afectiva

Sí, existe una fracción de particulares que comercian con camadas: compran perros de pedigrí esperando sacar un beneficio. Eso es explotación y debe denunciarse. Pero no podemos reducir todo a esa minoría y perder de vista que la mayoría de camadas entre particulares obedecen a impulsos afectivos mal informados. La respuesta debe ser doble: sancionar la mercantilización irregular y, sobre todo, educar y acompañar a quienes actúan desde la emoción para que lo hagan con responsabilidad —o que opten por no reproducir.

¿Qué podemos hacer hoy, en este Día del Perro Adoptado?

  • Adoptar primero. Antes de sumar una vida nueva al mundo, busca la que ya existe y necesita hogar.
  • Esterilizar por responsabilidad. Si no hay una razón profesional para criar, esterilizar salva vidas y salud.
  • Informar y acompañar, no juzgar. Muchas camadas nacen por desconocimiento; la educación y la terapia pueden cambiar decisiones.
  • Apoyar protectoras. Tiempo, difusión, pequeñas donaciones y redes de acogida multiplican su impacto.
  • Denunciar la mercantilización. Si ves anuncios sospechosos o prácticas de venta irresponsables, comunícalo a las autoridades y a las redes de protección animal.

En terapia trabajamos con la emoción que impulsa la decisión: el deseo de cuidar, de prolongar afectos, de remediar una soledad. La Gestalt ayuda a poner esa pulsión en diálogo con la responsabilidad: ¿qué me mueve? ¿qué puedo sostener? ¿qué necesita el otro? Cuando sumamos la presencia canina a ese proceso —con perros que provienen de adopción y están cuidados— la experiencia suele ser clara y humilde: el vínculo con una perra que ha sido rescatada o adoptada nos enseña la necesidad de respeto, límites y responsabilidad. En ese aprendizaje colectivo está la semilla para reducir camadas impulsivas y aumentar adopciones con sentido.

Celebrar, pero no olvidar la urgencia

Celebrar el Día del Perro Adoptado no debe quedarse en un gesto estético. Es momento de recordar que la adopción es la práctica ética que salva vidas. Es también la oportunidad para mirar con honestidad las prácticas que la amenazan: las camadas improvisadas, la mercantilización, la desinformación afectiva. Si hoy compartes la foto de un adoptado, haz algo más: difunde una protectora, apoya una esterilización, comparte información responsable. Porque cada decisión cuenta: cada camada descontrolada puede ser, tristemente, una adopción menos.

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